domingo, 22 de diciembre de 2013

Capítulo 4.


Iván sonrió satisfecho, había alegrado a esa chica. También vió a una pareja con un pequeño bebé, el cuál, no paraba de llorar. Cogió una piruleta que encontró en un cajón del mueble de la caja y fue a enseñársela al pequeñín. Se arrodilló frente al carro del niño y le hizo un par de carantoñas. El bebé pasó de llorar a mirarle atentamente y finalmente reír. Le preguntó a la madre si podía darle la piruleta y esta asintió. La pareja rio al ver como su pequeño se reía con aquel chico. Iván observó con ternura la escena de la que era partícipe y les acompaño en las risas.
Atendió amablemente las compras de aquella pareja, se sonrieron amablemente e Iván dijo adiós al bebé, quién con ayuda de su madre le contestó moviendo la mano. "Que familia tan agradable", pensó. 
Siguió atendiendo a los clientes que llegaban a lo largo de la tarde, hasta que llegó la hora de cerrar la tienda. Hizo el inventario del día, cogió sus cosas, se puso la parka, apagó las luces y salió. Bajó la reja, y echó la llave. Buscó en ese mismo llavero las llaves de su portal, aunque tenía algo de frío en las manos y no podía manejarse bien. Al fin atinó con la llave. Subió hasta su piso por las escaleras, para coger aunque fuese una pizca de calor y entró en el loft.
Mientras colgaba las cosas en el perchero de la entrada, Lu fue a restregarse contra su pierna. Iván se agachó a acariciarle y a jugar un poco con él. De pronto, el minino entró en la cocina y empezó a rascar su cuenco de agua con la pata. Se había quedado sin ella. "Vaya, pobre..." pensó Iván. Le rellenó el cuenco y le puso también algo de comida, suponía que también debía de tener hambre. Miró al gato comer, y pensó en su cena. Pero lo cierto es que no tenía mucha hambre. Decidió tomar al menos algo lo suficientemente caliente para quitarse ese frío que tenía. Puso a hacer una sopa de pollo, y mientras esta se hacía fue a ponerse cómodo. Dejó las cosas que llevaba en los bolsillos en su mesilla de noche. Se puso un pantalón de chándal, una camiseta de manga corta de Mickey Mouse y un par de calcetines. Decidió ponerse otros algo más gordos encima. Los pies siempre se le quedaban fríos. Quizás por eso no siempre podía pensar bien, como decía una canción. Una vez estuvo cómodo, volvió a la cocina y se sirvió la sopa en un bol. Puso este en una bandeja junto con una cuchara, una servilleta y un vaso de agua y se dirigió al salón. Mientras dejaba enfriar un poco la sopa, decidió llamar a Laura para preguntarle por Darío. Marcó el número y esperó a que descolgase... 
"-¿Sí?
-Hola Laura, soy Iván. ¿Qué tal estás? Y Darío, ¿cómo se encuentra?
-Ah, hola Iván. Pues yo agotada, la verdad, y Darío algo mejor, aunque tiene fiebre. Estamos en el hospital, hoy pasaremos la noche aquí...
-Oh, vaya, lo siento mucho... ¿Quieres que mañana por la mañana me pase un rato? Así puedes ir a casa a ducharte, coger ropa limpia y esas cosas.
-Por favor, te lo agradecería. Mañana por la mañana no abriré la tienda, ya buscaremos quien hace el turno de tarde. ¿A las once y media? Es la habitación 221.
-Perfecto, allí estaré. Descansad, y estate tranquila, seguro que no será nada.
-Gracias Iván, gracias, de veras... Buenas noches."
Cuando colgó, se levantó a encender el televisor. Decidió dejar un canal en el que echaban reportajes interesantes de vez en cuando. Antes de sentarse miró por la ventana y observó que habían empezado a caer copos de nieve. Lu se acercó, y este le cogió para que lo viera. El gato tocaba el cristal y maullaba. "¿Te gusta? Es nieve, pequeñajo." Se sentó a tomarse la sopa. Cuando llevaba ya un poco, se dió cuenta de que le estaba sentando muy bien. Y también de que no estaba escuchando la tevisión. Estaba cansado. Así que terminó la sopa, llevó las cosas a la cocina y apagó el televisor. Se tumbó en el sofá, con Lu a sus pies, apagó la luz, y se quedó dormido.

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